sábado, 3 de septiembre de 2011

Por fin: AUSTRALIA

A las 6:00 del día 2 de Septiembre por fin mi llego a mi destino final.  Sydney me recibe en mi avión con un esplendido amanecer. Un amanecer desconocido por mi, pues hasta la fecha no había isto un sol con tanta intensidad.  
Pensando en la maravillisa estampa que había contemplando, me dirijo a pasar el rutinario trámite de cruzar la frontera. Sin embargo, en esta ocación el Visado de Turista con el viajo unido a los tres meses de mi visita, provoca que el  policia se fije en mi persona y me pregunte más de la cuenta. Sin embargo, la seguridad que muestro en mi inglés de andar por casa hacen al policia permitirme la entrada. Mis nervios descansan, pero de nuevo empiezan a aflorar cuando contempló que de otra vez se debe pasar otro control. Un control que intenta ver si introduces elementos ilegales como son para ellos: un recuerdo de madera o un simple bocadillo. Y es que las autoridades australianas aman su ecosistema y para evitar que se modifique, niega cualquier elementos de otro ecosistema que no sea el suyo. De ahí el control férreo. Un control que me hace preocuparme, al acordame que en mi maleta existe unas medicinas (algo que debía de haber declarado pero que no lo había hecho). Ante el miedo existente me lleva a tirarlas, y a cruzar del todo su frontera y creerme por completo que mi viaje ha terminado del todo.

La parte blanca de debajo del número
es de plático y totalmente trasparente
Lo primero que hago es sacar dinero en un cajero automático. Sin problema me lo das, y contemplo los billetes tan extraños que tienen allí. Unos billetes que casi se escapan de la mano, pues todo aqui vale el triple que en España. Pues para que no hagamos una idea un trayecto de 3 estaciones de tren desde el aeropuerto a mi casa, me costo 15 $ australianos (unos 12 €). Tras ser ayudado por los hospitalarios australianos por fin llegó a mi casa donde mis maletas descansarán por unos cuantos meses.

Con el cansancio acumuludo pienso en tirarme un poco, pero mi deseo por dar por finalizado el Jet Laj me hacen sacar fuerzas de voluntad y encaminar el día como si hubiese dormido. Gracias a ello me doy una vuelta por la espectacular universidad de Sydney (donde soy muy bien acogido) y por su ciudad. En mi caminar notó el frescor de la Primavera australiana. Una primavera que empieza el 1 de Septiembre y que podríamos compararla con el mes de Abril del sur de España, donde puedes contemplar al mismo tiempo gente con manga corta y gente con abrigos invernales.

El recorrido por su centro me hace tener una primera visión de Sydney, de ser una ciudad  Micro-machine. Su centro me hace recordarme por algún momento mis tierras pontanas. Pues en su casco anexo al centro edificio de más de 3 plantas no encontramos y todo parece minúsculo. Quizás puedo tener esta concepción tras comparar Sydney con dos grandes urbes como son Berlin y Seúl.

Mi calle, situada a 10 min de la Estación Central de Sydney

A pesar de ello, la amabilidad de sus gentes que a lo largo de sus calles muestran su simpatía hace de Sydney una ciudad en la que vivir y en la que aprender sus constumbres remotas.




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